La Cabaña del tío Tom
La Cabaña del tío Tom En una granja parecida la señorita Ophelia había pasado una existencia tranquila durante unos cuarenta y cinco años, hasta que su primo la invitó a visitar su mansión sureña. La mayor de una familia numerosa, sus padres aún la consideraban una de «los chicos» y la invitación a Orleáns era un acontecimiento trascendental dentro del círculo familiar. El anciano padre de cabeza cana sacó el atlas de Morse de la librería para buscar la latitud y longitud exactas, y leyó Viajes en el Sur y el Oeste de Flint para formar su propia opinión sobre la naturaleza de la región.
La buena madre preguntó ansiosa «si Orleáns no era un lugar terriblemente malvado» y dijo que le parecía «casi lo mismo que visitar las islas de Pascua o cualquier lugar pagano».