La Cabaña del tío Tom

La Cabaña del tío Tom

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Supieron en casa del clérigo y en la del médico y en la sombrerería de la señorita Peabody que Ophelia St. Clare «hablaba» de marcharse a Orleáns con su primo; y por supuesto la aldea entera no podía menos que contribuir al proceso importantísimo de hablar del asunto. El clérigo, que tenía opiniones decididamente abolicionistas, tenía sus dudas sobre si tal paso no tendería a animar a los sureños a quedarse con sus esclavos, mientras que el médico, que era un colonizacionalista[22] convencido, se inclinaba hacia la opinión de que era el deber de la señorita Ophelia ir, para demostrar a los de Nueva Orleáns que no tenía mala opinión de ellos después de todo. De hecho, era de la opinión de que la gente del sur necesitaba que le infundieran ánimos. Sin embargo, cuando ya era del dominio público que se había decidido a marcharse, durante quince días todos sus amigos y vecinos la invitaron a tomar el té, para enterarse debidamente de sus planes y perspectivas. La señorita Moseley, que iba a la casa para ayudar con la costura, iba averiguando datos importantes por los cambios que tenía que efectuar en el vestuario de la señorita Ophelia. Se pudo saber a ciencia cierta que el señor Sinclare, como solían abreviar su apellido en los alrededores, había apartado cincuenta dólares y los había entregado a la señorita Ophelia, diciéndole que comprara cuanta ropa quisiera, y que le habían enviado dos vestidos nuevos y un sombrero de Boston. En cuanto a la corrección de este dispendio extraordinario, había división de opiniones: algunos afirmaban que estaba muy bien, por una vez en la vida, teniéndolo todo en cuenta, mientras que otros aseveraban que hubiesen hecho mejor mandando el dinero a las misiones; pero todos estuvieron de acuerdo en que jamás se había visto en aquellas partes un parasol semejante al que se le había enviado desde Nueva York y que tenía un vestido de seda que valía por sí mismo, fuese lo que fuese lo que se pensara de su dueña. También hubo unos tremendos rumores sobre un pañuelo cosido a mano; incluso circulaba una versión según la cual la señorita Ophelia poseía un pañuelo totalmente bordeado de encaje y se añadió que hasta las esquinas estaban bordadas; no obstante, este último detalle nunca pudo constatarse satisfactoriamente y sigue siendo un misterio hoy.


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