La Cabaña del tÃo Tom
La Cabaña del tÃo Tom —Ayer mismo —dijo George—, cuando estaba ocupado cargando piedras en un carro, el joven señorito Tom estaba allÃ, chasqueando su látigo tan cerca del caballo que se asustó la pobre bestia. Le pedà que lo dejara, tan gentilmente como pude, pero siguió. Se lo pedà de nuevo, y se volvió contra mà y empezó a pegarme. Le sujeté la mano, y gritó y pataleó y corrió hacia su padre y le dijo que yo me peleaba con él. Este vino furioso y dijo que ya me enseñarÃa quién era mi amo; y me ató a un árbol y cortó varillas para el señorito, y le dijo que podÃa azotarme hasta cansarse, y asà lo hizo. ¡Ya se lo recordaré, alguna vez! —se oscureció la frente del joven, cuyos ojos ardÃan con una expresión que hizo temblar a su joven esposa—. ¿Quién convirtió a este hombre en mi amo? ¡Eso es lo que quisiera saber! —dijo.
—Pues yo siempre he creÃdo que debÃa obedecer a mi amo y a mi ama o que no serÃa buena cristiana —dijo Eliza, afligida.