La Cabaña del tÃo Tom
La Cabaña del tÃo Tom —¡Bah! —dijo Tom con escarnio—. Siempre quieres salvar el pellejo, Marks. No hay peligro. Los negros están siempre demasiado asustados.
—No sé por que no voy a querer salvar el pellejo —dijo Marks—. Es el único que tengo; y a veces los negros pelean como demonios.
En este momento apareció George en lo alto de una roca por encima de ellos y, hablando con voz tranquila y clara, dijo:
—Caballeros, ¿quiénes son ustedes y qué desean?
—Queremos a una cuadrilla de negros fugados —dijo Tom Loker—. Un tal George Harris y Eliza Harris y su hijo, y Jim Selden y una anciana. Traemos a los alguaciles y una orden de arresto; y nos los vamos a llevar, ¿me oyes? ¿No eres tú George Harris, propiedad del señor Harris del condado de Shelby en Kentucky?
—Soy George Harris. Un tal señor Harris de Kentucky solÃa llamarme propiedad suya. Pero ahora soy un hombre libre sobre la tierra libre de Dios, y reclamo a mi esposa y a mi hijo como mÃos. Jim y su madre también están aquÃ. Tenemos armas para defendemos y pensamos usarlas. Podéis subir, si queréis; pero el primero que se ponga al alcance de nuestras balas es un hombre muerto, y el siguiente, y el siguiente y todos hasta que no quede ninguno.