La Cabaña del tÃo Tom
La Cabaña del tÃo Tom —Claro que lo defiendes, todos lo defendéis, todos los sureños. Si no es asÃ, ¿para qué tenéis esclavos?
—¿Eres tan inocente que crees que nadie de este mundo hace jamás lo que no le parece correcto? ¿Tú no haces, o nunca has hecho, ninguna cosa que no te pareciera absolutamente correcta?
—Si lo hago, me arrepiento de ello, espero —dijo la señorita Ophelia, haciendo sonar las agujas enérgicamente.
—Yo también —dijo St. Clare, pelando una naranja—. Me paso la vida arrepintiéndome.
—¿Por qué lo sigues haciendo?
—¿Tú nunca has seguido haciendo lo que estaba mal, incluso después de arrepentirte, querida prima?
—Pero sólo cuando la tentación era muy fuerte —dijo la señorita Ophelia.
—Pues yo siento una tentación muy fuerte —dijo St. Clare—, ahà está la dificultad.
—Pero yo siempre resuelvo no hacerlo más e intento detenerme.
—Pues yo llevo diez años resolviendo no hacerlo, esporádicamente —dijo St. Clare—, pero por alguna razón no lo he conseguido. ¿Tú has conseguido vencer todos tus pecados, prima?