La Cabaña del tÃo Tom
La Cabaña del tÃo Tom Una mesa de patas algo endebles colocada delante de la chimenea y cubierta con un mantel mostraba tazas de diseño marcadamente alegre con sus platillos correspondientes junto con otros sÃntomas de una colación inminente. En esta mesa se hallaba sentado el tÃo Tom, el mejor trabajador del señor Shelby, a quien debemos daguerrotipar para nuestros lectores, pues es el protagonista de nuestra historia. Era un hombre grande y fornido, de complexión fuerte, de un negro negrÃsimo y brillante y un rostro cuyas facciones genuinamente africanas se caracterizaban por una expresión de sensatez seria y constante, junto con una gran cantidad de bondad y benevolencia. TenÃa un aire de pundonor y dignidad en su porte, unido a una sencillez confiada y humilde.
En este momento estaba muy ocupado con una pizarra que tenÃa delante, donde procuraba copiar unas letras lenta y cuidadosamente bajo la vigilancia del señorito George, un chico listo de trece años de edad, con todo el aspecto de darse cuenta de la dignidad que le conferÃa su puesto de profesor.
Asà no, tÃo Tom, asà no —dijo enérgicamente, cuando el tÃo Tom levantó con grandes esfuerzos el rabo de la «q» en sentido contrario—; asà es una «q», ¿no lo ves?