La Cabaña del tÃo Tom
La Cabaña del tÃo Tom —No podÃa llegar a tanto. Tenerlos como herramientas para ganar dinero para mÃ, eso no podÃa hacerlo, pero tenerlos para ayudarme a gastar el dinero no me parecÃa igual de feo. Algunos, a los que tenÃa mucho cariño, habÃan sido sirvientes; y los más jóvenes eran hijos de los mayores. Todos estaban satisfechos de seguir como estaban —hizo una pausa y se puso a caminar reflexivamente de un extremo de la habitación al otro.
—Hubo una época en mi vida —dijo St. Clare— cuando tenÃa planes y esperanzas de hacer algo más en este mundo que ir a la deriva. TenÃa unas vagas y confusas aspiraciones de ser una especie de libertador, de limpiar mi tierra nativa de esta mancha y este estigma. Todos los jóvenes tienen estos accesos de fiebre, supongo, en algún momento, pero después…
—¿Por qué no lo hiciste? —preguntó la señorita Ophelia—. No deberÃas echarte al surco, sino ponerte a trabajar.