La Cabaña del tío Tom
La Cabaña del tío Tom —Bueno, pues las cosas no fueron como esperaba y me entró la misma desesperación vital que a Salomón. Supongo que fue un incidente necesario para infundir sabiduría a ambos, pero, de algún modo, en vez de ser activo en regenerar la sociedad, me convertí en un trozo de madera en el agua, que flota y va a la deriva desde entonces. Alfred me riñe cada vez que nos vemos; y me saca ventaja, he de confesar, porque él sí hace algo: su vida es el resultado lógico de sus opiniones y la mía es un non sequitur[34] despreciable.
—Mi querido primo, ¿puedes sentirte satisfecho de tu forma de pasar la vida?