La Cabaña del tÃo Tom
La Cabaña del tÃo Tom —¿Satisfecho? ¿No te estoy diciendo que la desprecio? Pero entonces, para volver a donde estábamos, hablábamos de la liberación. No creo que mis sentimientos sobre la esclavitud sean infrecuentes. Me encuentro con muchos hombres que, en el fondo, piensan exactamente igual que yo. La tierra se lamenta por ella; y aunque es malÃsimo para el esclavo, es aún peor, si cabe, para el amo. No hace falta ponerse lentes para ver que tener entre nosotros un numeroso grupo de personas viciosas, descuidadas y degradadas es un mal para nosotros y no sólo para ellas. Los capitalistas y los aristócratas ingleses no pueden sentir esto tanto como nosotros porque ellos no se mezclan con su clase degradada como lo hacemos nosotros. Están en nuestros hogares, son los compañeros de nuestros hijos y forman las mentes de éstos antes que nosotros, pues son una raza que los niños frecuentan y con la que se encariñan. Si Eva, por ejemplo, no fuese más angelical de lo normal, se habrÃa echado a perder. Lo mismo nos valdrÃa dejar circular la viruela entre ellos y creer que no se contagiarÃan nuestros hijos que dejar que vayan viciosos y sin educación y creer que esto no afectará a nuestros hijos. Sin embargo, nuestras leyes prohÃben absoluta y tajantemente que se instaure un sistema educativo general eficaz y lo hacen con conocimiento de causa; porque educar concienzudamente a una generación serÃa poner una bomba en el sistema. Si nosotros no les concediéramos la libertad, se la tomarÃan por su cuenta.