La Cabaña del tío Tom

La Cabaña del tío Tom

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—Creo que es una cosa bárbara —dijo la señorita Ophelia—, pero no creo que vosotros seáis todos bárbaros.

—De todas formas —dijo Marie—, se que es imposible llevarse bien con algunas de estas criaturas. Son tan malas que no deberían vivir. No siento ni una pizca de compasión en algunos casos. Si se comportaran, esto no ocurriría.

—Pero, mamá —dijo Eva—, la pobre criatura era muy desgraciada y eso la llevó a la bebida.

—¡Tonterías, eso no es excusa! Yo soy muy desgraciada a menudo. Creo —dijo pensativamente— que he sufrido peores pruebas que ella. Es porque son muy malos. Hay algunos que no se pueden domar con ningún tipo de severidad. Recuerdo que mi padre tenía a un hombre que era tan perezoso que se fugaba sólo para eludir el trabajo y se quedaba agazapado en los pantanos, robando y haciendo fechorías de todo tipo. A ese hombre lo cogieron y azotaron infinidad de veces y nunca sirvió para nada; y la última vez se fue arrastrando, aunque apenas podía moverse, y murió en el pantano. No tenía ningún motivo, porque los braceros de mi padre siempre fueron muy bien tratados.

—Yo domé a un tipo, una vez —dijo St. Clare— que habían intentado domar en vano todos los capataces y supervisores.


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