La Cabaña del tío Tom
La Cabaña del tío Tom —¡Tú! —dijo Marie—. ¡Ya me gustaría saber cuándo tú hiciste algo parecido!
—Bien, era un hombre gigantesco y fuerte, nacido en África, y parecía tener una cantidad descomunal del burdo instinto de libertad. Era un verdadero león africano. Se llamaba Scipio. Nadie conseguía hacer nada con él; fue vendido muchas veces y pasó de supervisor en supervisor hasta que por fin lo compró Alfred, porque creía que podría con él. Bien, un día derribó al capataz y se largó a los pantanos. Yo estaba de visita en la plantación de Alfred, pues ya habíamos disuelto la sociedad. Alfred estaba muy enfurecido, pero le dije que era culpa suya y le hice una apuesta que yo domaría al hombre; finalmente se acordó que, si yo lo cogía, podría quedármelo para experimentar con él. Así que juntaron un grupo de seis o siete hombres, con armas de fuego y perros para la caza. La gente, ¿sabéis? puede cazar a un hombre con el mismo entusiasmo con el que caza un ciervo, si es la costumbre; de hecho, yo mismo me puse nervioso, aunque sólo iba a hacer de mediador si lo atrapaban.