La Cabaña del tÃo Tom
La Cabaña del tÃo Tom —¿Sabes quién te ha hecho?
—Nadie, que yo sepa —dijo la niña, riéndose. La idea parecÃa hacerle mucha gracia; sus ojos centellearon y dijo:
—Supongo que crecà sola. No creo que nadie me haya hecho.
—¿Sabes coser? —preguntó la señorita Ophelia, decidida a llevar sus indagaciones a un terreno más tangible.
—No, amita.
—¿Y qué sabes hacer? ¿Qué hacÃas para tus amos?
—Iba a por agua, fregaba los platos, limpiaba los cubiertos y servÃa a la gente.
—¿Te trataban bien?
—Supongo que sà —dijo la niña, mirando con astucia a la señorita Ophelia.
La señorita Ophelia se levantó tras este coloquio alentador; St. Clare estaba apoyado en el respaldo de su silla.
Ahà tienes tierra virgen, prima; planta en ella tus propias ideas; no encontrarás muchas que tengas que arrancar.