La Cabaña del tÃo Tom
La Cabaña del tÃo Tom —¡Tú no tienes los sentimientos de una madre, St. Clare! ¡Nunca has podido comprenderme, y ahora tampoco!
—¡Pero no hables asÃ, como si fuera un caso perdido!
—Yo no puedo aceptarlo con tanta indiferencia como tú, St. Clare. Si tú no padeces cuando tu única hija se encuentra en este estado alarmante, pues yo sÃ. Es un golpe demasiado fuerte para mÃ, encima de todo lo que sufrÃa antes.
—Es verdad —dijo St. Clare— que Eva es muy delicada, siempre lo he sabido; y que ha crecido tan deprisa que se ha resentido su salud; y que la situación es crÃtica. Pero ahora mismo está postrada por el calor y por la emoción de la visita de su primo y los excesos que ha cometido. El médico dice que podemos tener esperanzas.
—Desde luego, sé optimista, si eres capaz; las personas que no sois sensibles tenéis mucha suerte en esta vida. Yo quisiera no sentirme como me siento, ya lo creo. ¡Me hace sentir fatal! ¡Ojalá pudiera sentirme tan tranquila como todos los demás!