La Cabaña del tío Tom
La Cabaña del tío Tom En aquel libro donde ella y su sencillo amigo habían leído tantas veces juntos, había visto y asimilado la imagen de uno que ama a los niños pequeños; y mientras miraba y pensaba, Él había dejado de ser una imagen o un dibujo del pasado lejano para convertirse en una realidad viva y omnipresente. Su amor envolvía su corazón infantil con una ternura superior a la mortal; y ella decía que era hacia Él y su hogar donde se dirigía.
Pero su corazón anhelaba con triste ternura todo lo que había de dejar atrás. Su padre más que nada, porque Eva, aunque nunca lo había pensado de esa forma, tenía la percepción instintiva de que ella ocupaba un lugar más importante en el corazón de él que ningún otro. Quería a su madre porque era una niña muy cariñosa y todo el egoísmo de aquélla sólo la apenaba y consternaba, porque tenía la confianza típica de los niños de que una madre no podía hacer nada mal. Había algo en ella que Eva nunca pudo comprender, pero siempre lo pasaba por alto y pensaba que, después de todo, era su mamá y la quería muchísimo.