La Cabaña del tÃo Tom
La Cabaña del tÃo Tom Tom miró a la niña con reverencia; cuando ella, oyendo la voz de su padre, se alejó suavemente, pasó la mano muchas veces por los ojos al contemplarla.
—Es inútil intentar retener a la señorita Eva aquà —le dijo a Mammy cuando se encontró con ella un momento más tarde—. Tiene la señal del Señor en la frente.
—¡Ay, sÃ, sÃ! —dijo Mammy alzando las manos—, siempre lo he dicho. Nunca ha tenido aspecto de ser una niña destinada a vivir; siempre ha habido algo en el fondo de sus ojos. Se lo he dicho al ama muchas veces y ahora se hace realidad, todos lo vemos, ¡querida corderita del Señor!
Eva subió brincando los escalones del porche hacia su padre. Era el final de la tarde y los rayos del sol formaban una especie de halo detrás de ella cuando se adelantó con su vestido blanco, su cabello dorado y sus mejillas encendidas, los ojos brillando con la luz de la fiebre que ardÃa en sus venas.
St. Clare la habÃa llamado para enseñarle una figurilla que le acababa de comprar; pero su aspecto, al acercarse, lo impresionó súbitamente de manera dolorosa. Existe una clase de belleza tan intensa y a la vez tan frágil que no soportamos contemplarla. Su padre la estrechó de repente en sus brazos y casi se le olvidó lo que iba a decirle.