La Cabaña del tÃo Tom
La Cabaña del tÃo Tom —¡Topsy! ¡Qué idea más ridÃcula! No se le podÃa ocurrir a nadie más que a ti. Pero supongo que es verdad.
—Pero, mamá, ¿no es Dios padre de ella tanto como nuestro? ¿No es Jesús su salvador?
—Puede ser. Supongo que Dios creó a todo el mundo —dijo Marie—. ¿Dónde están mis sales?
—¡Ay, qué lástima, qué lástima! —dijo Eva, mirando el lejano lago y hablando a medias para sÃ.
—¿Qué es una lástima? —preguntó Marie.
—Pues que alguien, cualquiera, que podrÃa convertirse en ángel reluciente y vivir entre los ángeles, ¡pueda caer y caer sin que nadie le ayude! ¡Vaya por Dios!
—Bien, nosotros no podemos remediarlo; no vale la pena preocuparse, Eva. No sé qué se puede hacer; deberÃamos estar agradecidas por las ventajas que tenemos.
—Yo no puedo —dijo Eva—. Me da tanta pena pensar en los pobres que no tienen ninguna.
—Eso es muy raro —dijo Marie—. A mà la religión me hace estar agradecida por mis ventajas.
—Mamá —dijo Eva—, quiero cortarme un poco de pelo, bastante.
—¿Para qué?
—Mamá, quiero dar un poco a mis amigos mientras aún pueda dárselo personalmente. ¿Quieres llamar a la tÃa para que venga a cortármelo?