La Cabaña del tÃo Tom
La Cabaña del tÃo Tom Eva se incorporó y miró larga e intensamente a cada uno. Todos estaban tristes y compungidos. Muchas de las mujeres tenÃan la cara hundida en el delantal.
—Os he hecho llamar, queridos amigos —dijo Eva— porque os quiero. Os quiero a todos, y tengo algo que deciros, que quiero que recordéis siempre… Voy a dejaros. Dentro de unas semanas, ya no me veréis…
Aquà un estallido de gemidos, sollozos y lamentos procedentes de todos los presentes interrumpió a la niña, ahogando completamente su débil voz. Esperó un momento y luego, hablando con un tono que frenó el llanto de todos, dijo:
—Si me queréis, no debéis interrumpirme asÃ. Escuchad lo que digo. Quiero hablaros de vuestras almas… Me temo que muchos de vosotros sois muy descuidados. Sólo pensáis en este mundo. Quiero que recordéis que existe un mundo bello donde está Jesús. Voy allà y vosotros podéis ir allà también. Es tanto para vosotros como para mÃ. Pero si queréis ir allÃ, no debéis vivir una vida ociosa, despreocupada y vacÃa. Debéis ser cristianos. Debéis recordar que cada uno de vosotros puede convertirse en ángel y podéis ser ángeles para siempre… Si queréis ser cristianos, Jesús os ayudará. Debéis rezarle a Él, debéis leer…
La niña se detuvo, los miró con tristeza y dijo pesarosa: