La Cabaña del tÃo Tom
La Cabaña del tÃo Tom Es imposible describir la escena que tuvo lugar mientras rodearon a la niña entre lágrimas y sollozos y cogieron de su mano lo que les parecÃa una última muestra de su amor. Se hincaron de rodillas; sollozaron, rezaron, besaron la orilla de su vestido; y los mayores pronunciaban palabras de cariño, entremezcladas con oraciones y bendiciones, según la costumbre de su raza sensible.
Al coger cada uno su regalo, la señorita Ophelia, inquieta por el efecto de tanta emoción sobre su pequeña paciente, indicaba a cada uno que saliera de la habitación.
Finalmente, todos se habÃan marchado menos Tom y Mammy.
—Toma, tÃo Tom —dijo Eva—, uno precioso para ti. Ay, estoy muy contenta, tÃo Tom, de pensar que te veré en el cielo, pues estoy segura de que asà será; ¡y a Mammy, mi queridÃsima Mammy! —dijo, rodeando amorosamente a su antigua niñera con los brazos—; sé que tú también estarás allÃ.
—¡Ay, señorita Eva, no podré vivir sin usted! —dijo la fiel criatura—. ¡Es como si se fuera todo de aquà a la vez! —y Mammy se abandonó a un arrebato de pena.