La Cabaña del tÃo Tom
La Cabaña del tÃo Tom —Eso no importa —dijo Eva—. Creo en Él y dentro de unos dÃas lo veré y su joven rostro se iluminó con ferviente euforia.
St. Clare no dijo nada más. Era un sentimiento que ya habÃa visto en su madre; pero no hacÃa vibrar ninguna cuerda dentro de él.
Después de esto, Eva empeoró muy deprisa; yo no habÃa duda sobre el desenlace; la esperanza más sublime no podÃa negarlo. Su hermoso cuarto se convirtió en una enfermerÃa manifiesta y la señorita Ophelia cumplÃa las obligaciones de una enfermera dÃa y noche; sus amigos nunca habÃan apreciado tanto su valÃa como en esta faceta. Con una mano y un ojo tan bien entrenados, con tan perfecta eficiencia y práctica en todos los artes que pudieran aumentar el orden y el confort y mantener oculto todo signo desagradable de la enfermedad, con un sentido perfecto de la oportunidad, una cabeza tan despejada y clara, una exactitud total para recordar cada receta e indicación del médico, ella lo era todo. Los que se encogÃan de hombros por sus pequeñas idiosincrasias y manÃas, tan diferentes de la laxitud despreocupada de los sureños, reconocieron ahora que era la persona idónea para ese momento.