La Cabaña del tÃo Tom
La Cabaña del tÃo Tom La niña yacÃa jadeante y como agotada en la cama, con los grandes ojos claros mirando fijamente hacia arriba. ¡Ay, lo que expresaban aquellos ojos, que decÃan tanto del cielo! La tierra y los dolores terrenales ya se habÃan quedado atrás, pero el misterio y el triunfante resplandor de su semblante eran tales que sofocaban incluso los sollozos de dolor. Todos se congregaron en torno a ella conteniendo el aliento.
—Eva —dijo St. Clare con ternura.
Ella no lo oyó.
—¡Ay, Eva, dinos qué ves! ¿Qué es? —preguntó su padre. Una sonrisa gloriosa iluminó su rostro y dijo, con voz quebrada:
—¡Oh, amor… felicidad… paz! —y con un suspiro pasó de la muerte a la vida.
«¡Adiós, querida niña! Las brillantes puertas eternas se han cerrado a tus espaldas; no veremos más tu dulce rostro. ¡Ay de los que hemos visto tu entrada en el cielo, cuando despertemos para encontramos a solas con las nubes grises de la vida cotidiana, pues tú te has marchado para siempre!».