La Cabaña del tÃo Tom
La Cabaña del tÃo Tom Era una orden, escrita con la delicada letra itálica de Marie, dirigida el jefe de una casa de castigo para que le infligiera a la portadora quince latigazos.
—¿Qué has hecho? —preguntó la señorita Ophelia.
—Usted sabe, señorita Ophelia, que tengo muy mal genio; no deberÃa ser asÃ. Me estaba probando el vestido de la señorita Marie y me dio un bofetón en la cara; y antes de pensar, le contesté con insolencia; y dijo que me pondrÃa en mi sitio y que me enterarÃa, de una vez por todas, que ya no iba a ser un personaje tan importante como hasta ahora; y escribió esto y dice que debo llevarlo allÃ. PreferirÃa que me matase directamente.
La señorita Ophelia se quedó pensando con el papel en la mano.
—Verá usted, señorita Ophelia, no me importarÃa tanto que me azotaran si lo hiciera usted o la señorita Marie; pero ser enviada a un hombre y a un hombre tan desagradable! ¡Qué vergüenza, señorita Ophelia!