La Cabaña del tío Tom
La Cabaña del tío Tom Jane agachó la cabeza y se encogió al oír esto, pues le parecía que iba dirigido especialmente a ella. La señorita Ophelia se quedó sentada quieta un momento, como si acabara de tragar una poción explosiva y estuviera a punto de reventar. Después, dándose cuenta de lo inútil de discutir con una naturaleza semejante, cerró los labios con resolución, se puso en pie y salió de la habitación.
Fue duro volver para decirle a Rosa que no podía hacer nada por ella; poco después, acudió uno de los criados masculinos a decir que el ama le había mandado llevar a Rosa a la casa de castigo, adonde la transportó a pesar de sus lágrimas y sus súplicas.
Unos días más tarde, Tom estaba pensando junto a los balcones cuando se le acercó Adolph, que estaba totalmente abatido y desconsolado desde la muerte de su amo. Adolph sabía que Marie nunca le había tenido simpatía, pero en vida de su amo no le había dado importancia. Ahora que éste se había marchado, andaba tembloroso y con un temor constante, sin saber qué iba a ser de él. Marie había celebrado varias sesiones con su abogado; después de consultar al hermano de St. Clare, decidió vender la hacienda y a todos los criados salvo los que eran propiedad personal suya, que pensaba llevarse consigo.