La Cabaña del tÃo Tom
La Cabaña del tÃo Tom —¡Ajá, eso es, seguid asÃ, muchachos! —dijo el señor Skeggs, el encargado—. ¡Mi gente está siempre tan alegre! ¡Vaya, Sambo! —dijo animoso a un fornido negro que realizaba las bromas y vulgares payasadas que ocasionaban las risotadas que Tom habÃa oÃdo.
Como se puede imaginar, Tom no estaba de humor para unirse a las diversiones; por lo tanto, colocando su baúl lo más apartado posible del ruidoso grupo, se sentó encima y apoyó la cara contra la pared.