La Cabaña del tĂo Tom
La Cabaña del tĂo Tom Susan recordaba el aspecto y las palabras del hombre. Con unas nauseas mortales, recordaba cĂłmo habĂa mirado las manos de Emmeline y cĂłmo habĂa sopesado su cabello rizado y la habĂa calificado como un artĂculo de primera. Susan habĂa sido educada en la fe cristiana e instruida para leer la Biblia a diario, y tenĂa el mismo horror ante la idea de que vendieran a su hija para llevar una vida vergonzosa como cualquier otra madre cristiana; pero no tenĂa esperanzas; no tenĂa protecciĂłn.
—Madre, creo que nos irá estupendamente si tĂş puedes encontrar un puesto como cocinera y yo como doncella o costurera con alguna familia. Seguro que sĂ. Pongámonos tan alegres y vivaces como podamos, y digámosles todo lo que sabemos hacer y a lo mejor tenemos suerte —dijo Emmeline.
—Quiero que te recojas el cabello mañana —dijo Susan.
—¿Para quĂ©, madre? No tengo ni la mitad de buen aspecto asĂ.
—Bien, pero te venderán mejor.
—No veo por qué —dijo la muchacha.
—SerĂa más fácil que te comprase una familia respetable si te viera sencilla y decente, como si no quisieras parecer guapa. Conozco su forma de pensar mejor que tĂş —dijo Susan.
—Entonces lo haré, madre.