La Cabaña del tÃo Tom
La Cabaña del tÃo Tom Tom esperó hasta tarde para coger un sitio en los molinillos; entonces, conmovido por el avanzado agotamiento de dos mujeres, que vio intentar moler su maÃz allÃ, lo molió por ellas, juntó los rescoldos agonizantes del fuego, donde muchos ya habÃan cocinado sus tortas, y se puso a preparar su propia cena. Era algo nuevo en el lugar: una obra de caridad, y, aunque era muy poca cosa, despertó una respuesta en el corazón de las mujeres; una expresión de bondad femenina les transformó los rostros endurecidos; le mezclaron la torta ellas y se la asaron; y Tom se sentó junto a la luz de la lumbre y sacó su Biblia, pues necesitaba consuelo.
—¿Qué es eso? —preguntó una de las mujeres.
—Una Biblia —dijo Tom.
—¡Santo Dios! ¡No he visto una desde que estuve en Kentucky!
—¿Te criaste en Kentucky? —preguntó Tom.
—SÃ, y me educaron bien; nunca pensé que acabarÃa asà —dijo la mujer con un suspiro.
—¿Pero qué es ese libro, de todas formas? —preguntó la otra mujer.
—Pues es una Biblia.
—¡Vaya por Dios! ¿Y qué es? —preguntó la mujer.