La Cabaña del tÃo Tom
La Cabaña del tÃo Tom —Ese Tom va a crear muchos problemas. Estuvo metiendo algodón en la cesta de Lucy todo el tiempo. Un dÃa de éstos hará que los negros se sientan maltratados, si el amo no lo vigila —dijo Sambo.
—¡Ajá! ¡Maldito negrazo! —dijo Legree—. Necesita que lo domemos, ¿eh, muchachos?
Los dos negros esbozaron una feÃsima mueca ante la insinuación.
—¡Ay, ay, el amo Legree es único para la doma! ¡Ni el mismo diablo le ganarÃa al amo en esa tarea! —dijo Quimbo.
—Bien, muchachos, lo mejor es ponerle a él a dar las azotainas hasta que olvide esas nociones que tiene. ¡Ya lo domaré yo!
—¡Caramba, al amo le costará trabajo cambiarle las ideas!
—¡Pero las tendrá que cambiar! —dijo Legree, mascando el tabaco que tenÃa en la boca.
—Y esa Lucy, ¡es la zorra más irritante y fea de todo el lugar! —siguió Sambo.
—¡Ten cuidado, Sambo o empezaré a preguntarme por qué le tienes tanto rencor a Lucy!
—Bien, usted sabe, amo, que se enfrentó a usted y no quiso juntarse conmigo cuando se lo ordenó.