La Cabaña del tÃo Tom
La Cabaña del tÃo Tom Ella le dirigió fijamente sus negros ojos, movió ligeramente los labios y dijo alguna cosa en francés. Nadie sabÃa lo que significaba; pero el rostro de Legree adquirió una expresión absolutamente demonÃaca al oÃr sus palabras; hizo ademán de levantar la mano para golpearla, gesto que ella contemplaba con un desdén furioso, antes de darse la vuelta para marcharse.
—Y ahora —dijo Legree— ven aquÃ, tú, Tom. Sabes que ya te dije que no te habÃa comprado sólo para hacer el trabajo normal; pienso ascenderte a capataz, y esta noche es buen momento para que empieces a practicar. Asà que llévate a esta muchacha y dale una paliza; ya lo has visto bastantes veces como para saber hacerlo.
—Le ruego al amo —dijo Tom— que no me obligue a hacer eso. No estoy acostumbrado… nunca lo he hecho… ¡No puedo, es imposible!
—Vas a aprender a hacer muchas cosas que no sabÃas antes de que yo acabe contigo —dijo Legree, cogiendo un látigo de cuero y golpeando fuertemente a Tom en la mejilla, siguiendo después con una tunda de golpes.
—¡Ya está! —dijo, deteniéndose para descansar—. ¿Ahora me seguirás diciendo que no puedes hacerlo?