La Cabaña del tío Tom
La Cabaña del tío Tom Cassy cogió el libro con un aire seco y altivo y miró el pasaje por encima. Después leyó con voz queda y una hermosa entonación extraña la historia conmovedora de angustia y gloria. A menudo, mientras leía, le temblaba la voz y a veces le fallaba del todo; entonces, se detenía con un aire de fría compostura hasta dominarse. Cuando llegó a las emocionantes palabras «Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen», dejó caer el libro y, escondiendo el rostro entre las pobladas masas de su cabello, empezó a sollozar con una fuerza convulsiva.
Tom lloraba también y a veces murmuraba una jaculatoria ahogada.
—¡Si fuéramos capaces de estar a la altura de eso! —dijo Tom—; a Él le viene de naturaleza y nosotros tenemos que luchar tanto para conseguirlo. ¡Ayúdanos, Señor! ¡Ay, bendito Señor Jesús, ayúdanos!