La Cabaña del tÃo Tom
La Cabaña del tÃo Tom —Señora —dijo Tom un rato más tarde—, veo que está usted por encima de mà en todas las cosas pero hay una cosa que podrÃa aprender del pobre Tom. Ha dicho usted que el Señor estaba en contra de nosotros porque permite que abusen de nosotros y nos maltraten; pero ya ve lo que ocurrió a su propio Hijo, el Señor de la Gloria; ¿no fue siempre pobre? ¿Y alguno de nosotros ha caÃdo tan bajo como Él? El Señor no nos ha olvidado, de eso estoy seguro. Si sufrimos con Él, también reinaremos, dicen las Escrituras, pero si le negamos, Él también nos negará. ¿No sufrieron todos: el Señor y todos los suyos? Cuenta cómo los lapidaron y los cortaron en pedazos y deambulaban vestidos con pieles de oveja y de carnero y estaban desamparados, afligidos y atormentados. El sufrimiento no es razón para creer que Dios se haya puesto en contra de nosotros, sino al revés, si nos adherimos a Él y no nos entregamos al pecado.
—Pero ¿por qué nos pone donde no podemos evitar pecar? —preguntó la mujer.
—Creo que sà podemos evitarlo —dijo Tom.
—Ya lo verás —dijo Cassy—. ¿Qué vas a hacer? Mañana se meterán contigo nuevamente. Los conozco; he visto lo que son capaces de hacer; no soporto pensar a lo que te van a reducir; y te someterán al final.
—¡Señor Jesús! —dijo Tom—, cuidará usted de mi alma, ¿verdad? ¡Hágalo por el Señor, no deje que me rinda!