La Cabaña del tÃo Tom
La Cabaña del tÃo Tom —¡Dios mÃo! —dijo Cassy— he oÃdo antes todas estas plegarias y llanto; y, sin embargo, los han domado y sometido. Ahà tienes a Emmeline, que intenta aguantar, y tú lo intentas, pero ¿de qué sirve? Debes rendirte o te matarán.
—¡Pues moriré! —dijo Tom—. Lo pueden alargar todo lo que quieran pero no pueden evitar que muera tarde o temprano, y después ya no pueden hacer nada más. ¡Lo veo claro y estoy preparado! Sé que el Señor me ayudará y me hará aguantar.
La mujer no respondió; se quedó sentada con los ojos negros mirando fijamente el suelo.
«Quizás sea ése el camino», murmuró para sÃ, «pero los que se han rendido, ¡ya no tienen remedio! ¡Ninguno! ¡Vivimos en la inmundicia y nos hacemos odiosos hasta llegar a odiamos a nosotros mismos! ¡No hay esperanza, no hay esperanza! ¿No hay esperanza? Esta muchacha de ahora… ¡tiene la misma edad que yo tenÃa!».