La Cabaña del tÃo Tom
La Cabaña del tÃo Tom Si la tierra lucha contra mi alma,
y me lanza dardos infernales,
me reiré de la cólera de Satanás,
y me enfrentaré al enojo del mundo.
Que caiga el diluvio de los problemas
y se libren tormentas de pena,
pero que yo alcance sano y salvo
mi hogar, mi Cielo, mi Dios, mi Todo.
«¡Ajá!», dijo Legree para sÃ, «conque eso es lo que cree, ¿eh? ¡Cómo odio estos himnos metodistas!». —¡Eh, negro! —dijo, acercándose a Tom de pronto y levantando la fusta—, ¿cómo te atreves a armar semejante escándalo cuando deberÃas estar en la cama? ¡Cierra tu maldita raja negra y lárgate!
—SÃ, amo —dijo Tom, y se levantó para marcharse con sereno buen humor.
La evidente felicidad de Tom sacó de quicio a Legree, que se aproximó a él y empezó a pegarle en la cabeza y los hombros. —¡Toma, perro! —dijo—. ¡A ver si te encuentras tan cómodo después de esto!