La Cabaña del tío Tom
La Cabaña del tío Tom Pero sus golpes sólo cayeron sobre el exterior del hombre y no, como antes sucedía, sobre el corazón. Tom se quedó totalmente sumiso; sin embargo, Legree no podía ocultarse que su poder sobre su esclavo y propiedad se había esfumado de alguna manera. Y, al ver a Tom desaparecer en el interior de su barracón y mientras hacía girar su caballo, le llegó a la mente una de esas visiones con las que un relámpago de conciencia a veces ilumina un alma oscura y ruin. Comprendió perfectamente que era Dios quien se interponía entre él y su víctima, y blasfemó. Aquel hombre sumiso y callado, al que ni las provocaciones, ni las amenazas, ni los latigazos, ni las crueldades eran capaces de perturbar, despertó una voz en su interior, como la que su Amo despertara antaño en un alma posesa, que dijo: «¿Qué tenemos que ver contigo, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a atormentarnos antes de tiempo?».