La Cabaña del tÃo Tom
La Cabaña del tÃo Tom Cassy tenÃa los ojos relucientes fijos en Legree mientras hablaba y él la miraba como un hombre que sufre una pesadilla hasta que, al acabar, apoyó ella su gélida mano sobre la de él y él pegó un salto hacia atrás y lanzó un juramento.
—¡Mujer! ¿Qué quieres decir? Nadie habrá hecho eso.
—Oh, no, desde luego que no. ¿He dicho yo que s� —dijo Cassy con una sonrisa de absoluto escarnio.
—Pero… ¿has visto realmente?… Vamos, Cass, ¿qué ocurre? ¡Habla claro!
—Puedes dormir allà tú mismo —dijo Cassy—, si quieres saberlo.
—¿Llegó desde la buhardilla, Cassy?
—¿Llegó, el qué? —preguntó Cassy.
—Pues, lo que estabas contando…
—Yo no te he contado nada —dijo Cassy con terca hosquedad.
Legree caminaba de un lado al otro de la habitación, inquieto.
—Voy a hacer que se investigue esto. Iré a ver esta misma noche. Me llevaré las pistolas…
—Hazlo —dijo Cassy—; duerme en esa habitación. Me gustarÃa verlo. ¡Dispara tus pistolas, anda!
Legree dio una patada contra el suelo y juró con violencia.