La Cabaña del tÃo Tom
La Cabaña del tÃo Tom —Vamos —dijo, extendiéndole la mano a Emmeline. Las dos fugitivas se escurrieron fuera de la casa en silencio y corrieron a través de las espesas sombras de la tarde hasta los barracones. La luna creciente, que relucÃa como un anillo de plata en el cielo de occidente, frenaba la llegada de la noche. Como Cassy esperaba, cuando se acercaban al borde del pantano que rodeaba la plantación, oyeron una voz que les ordenaba que se detuviesen. No era Sambo, sin embargo, sino Legree quien las perseguÃa con terribles maldiciones. Al sonido de su voz, el espÃritu más débil de Emmeline se vino abajo y, poniendo la mano en el brazo de Cassy, dijo:
—¡Ay, Cassy, me voy a desmayar!
—¡Si lo haces, te mataré! —dijo Cassy, sacando un puñal pequeño y reluciente y haciéndolo destellar ante los ojos de la muchacha.
La artimaña surtió efecto. Emmeline no se desmayó sino que consiguió adentrarse con Cassy en una parte tan profunda y oscura del laberinto del pantano que era totalmente imposible que Legree pensara en seguirlas sin ayuda.
«Bien», se dijo, riéndose brutalmente entre dientes, «en cualquier caso, ¡se han metido en una trampa ahora, las muy zorras! ¡De allà no se irán! ¡Les haremos pasarlo mal!».