La Cabaña del tío Tom
La Cabaña del tío Tom Desde el primer momento en que le vislumbró la cara, a George le rondaba uno de esos parecidos fugaces e indefinidos que todos hemos experimentado y que a veces nos atormentan. No podía quitarle los ojos de encima; la miraba sin cesar. Ella, en la mesa o sentada en la puerta de su camarote, encontraba los ojos del joven siempre fijos en ella; pero él los apartaba con educación al percatarse de que a ella le molestaba su observación.
Cassy comenzó a inquietarse. Empezaba a creer que él sospechaba algo, y finalmente decidió encomendarse por completo a su generosidad y confiarle toda su historia.
George estaba dispuesto a compadecerse de corazón de cualquiera que se hubiera escapado de la plantación de Legree, un lugar del que no podía hablar y que no podía recordar sin perder la paciencia, y, con la osada despreocupación por las consecuencias característica de su edad y posición, le aseguró que haría todo lo que estaba en su mano por protegerlas y ayudarlas.
El camarote contiguo al de Cassy estaba ocupado por una dama francesa que se apellidaba de Thoux, que viajaba acompañada de su bonita hija de unos doce años de edad.