Vida de los doce Cesares

Vida de los doce Cesares

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XIV. También en esos días, a Lucio Antonio, que, confiando en su propia autoridad como cónsul y en la influencia de su hermano, tramaba nuevos desórdenes, le obligó a huir a Perusia y le forzó a rendirse por hambre, aunque no sin atravesar por su parte momentos muy críticos, tanto durante la guerra como antes de ella. En cierta ocasión, durante unos juegos circenses, obligó por medio de un ordenanza a un soldado raso, que estaba sentado en una de las catorce filas reservadas al orden ecuestre, a levantarse y abandonar el circo; habiéndose propagado poco después el rumor de que acababa de ser crucificado y ejecutado, poco le faltó a Augusto para perder la vida entre el tumulto y la indignación de la multitud de soldados. Le salvó el hecho de aparecer inesperadamente, vivo e incólume, el soldado que creían muerto. Y también, mientras ofrecía un sacrificio junto a las murallas de Perusia, estuvo a punto de morir a manos de un grupo de gladiadores que, saliendo de la ciudad, habían realizado un brusco y violento ataque.







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