Vida de los doce Cesares

Vida de los doce Cesares

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XCI. Daba mucha importancia a los sueños, tanto a los suyos como a los ajenos. Durante la batalla de Filipos, aunque había decidido no salir de su tienda por estar enfermo, no obstante, aconsejado por el sueño de un amigo, se marchó de ella. Y, en efecto, la situación tuvo un final favorable, puesto que los enemigos, que se habían apoderado del campamento, pensando que él seguía acostado en su litera, se abalanzaron sobre ella y la acribillaron, atravesándola con sus espadas. El propio Augusto, durante toda la primavera, tenía numerosas y tremebundas pesadillas, pero sin fundamento y sin consecuencias desgraciadas; durante el resto del año, en cambio, no tenía tantas, pero eran más significativas. Como visitaba con asiduidad el templo dedicado por él en el Capitolio a Júpiter Tonante, soñó que Júpiter Capitolino se le quejaba de que le había arrebatado sus adoradores y que él le había contestado que precisamente había colocado a Júpiter Tonante a su lado como portero suyo. Como resultado de este sueño, hizo rodear la parte superior del templo de este último con campanillas, ya que era tradición que éstas colgasen de las puertas. Debido también a una advertencia recibida en sueños, cada año, un día determinado, mendigaba al pueblo una moneda, alargando la palma ahuecada de su mano a todo aquel que le ofrecía un as.



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