Vida de los doce Cesares

Vida de los doce Cesares

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Afirma Julio Marato que unos pocos meses antes de su nacimiento tuvo lugar en Roma otro público prodigio por el que se anunciaba que la naturaleza iba a parir un rey para el pueblo romano y que entonces el Senado, aterrado, decretó que no se dejase vivir a ningún niño dado a luz durante aquel año. Pero, sigue diciendo, que aquellos ciudadanos que tenían grávidas a sus mujeres —puesto que todos se apropiaban de esa esperanza—, se preocuparon de que ese decreto del Senado no llegase al erario[110]. Leo también en los libros Sobre la naturaleza de los dioses, de Asclepíades de Mendes, que Acia, que había ido a media noche a las sagradas ceremonias en honor de Apolo, al ser depositada su litera en el interior del templo mientras todas las restantes matronas dormían, se adormeció también ella y que repentinamente una serpiente reptó hasta el interior de su litera y salió poco después. Continúa diciendo que, despertándose ella súbitamente, se lavó como si acabase de copular con su marido; pero que de inmediato apareció en su cuerpo una mancha, en forma de tatuaje de serpiente, y que nunca se la pudo quitar, de manera que desde entonces se abstuvo durante toda su vida de asistir a los baños públicos; que Augusto nació justo a los diez meses y que por ello se le tuvo por hijo de Apolo. La misma Acia, antes de dar a luz, soñó que sus entrañas eran transportadas a los cielos y que se extendían por todo el orbe terráqueo y el ámbito de los cielos. Su padre Octavio soñó también que del útero de su mujer Acia surgía el sol naciente.


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