Vida de los doce Cesares
Vida de los doce Cesares Diviso la tumba del fundador envuelta en llamas.
Y dirigiéndose a Trasilo, amigo de Tiberio, que se hallaba recostado frente a él e ignoraba de qué iba aquello, le preguntó de qué poeta creía que era ese verso. Como éste se quedase dudando, Augusto le espetó otro verso:
¿Acaso no ves a Masgaba, honrado por antorchas?
Y le interrogó, a su vez, sobre este verso. Al contestarle Trasilo que, de quienquiera que fuesen, eran excelentes, provocó una carcajada general y se convirtió en blanco de muchas bromas. Poco después se trasladó a Nápoles, aunque, también entonces, con la cambiante dolencia de sus intestinos enfermos. Presenció, no obstante, el certamen gimnástico quinquenal, instituido en su honor, y luego, en compañía de Tiberio, se dirigió al lugar acordado[119]. Pero, ya a su regreso, se agravó su enfermedad y no tuvo más remedio que guardar cama en Nola. Haciendo regresar entonces a Tiberio del viaje que había emprendido al Ilírico, mantuvo con él una larga conversación a solas. A partir de ese momento ya no afrontó ningún asunto de importancia.