Vida de los doce Cesares

Vida de los doce Cesares

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Después, haciendo salir a todos, mientras interrogaba a unos que llegaban desde la ciudad sobre la salud de la hija de Druso, que estaba enferma, entre los besos de Livia y pronunciando estas palabras: «Livia, ¡acuérdate de nuestro amor mientras vivas! ¡Adiós!», expiró súbitamente, habiendo conseguido la muerte dulce que siempre había deseado. Pues, en efecto, casi siempre que había oído que alguno había muerto sin sufrimiento, rogaba para sí y para los suyos una parecida «eutanasia»[120] (pues con esta palabra solía designar ese tipo de muerte). Antes de exhalar su último suspiro, tan sólo dio una única muestra de haber perdido la cabeza, puesto que de súbito se lamentó aterrado de que era arrebatado por cuarenta jóvenes. En realidad fue más un presagio que debilidad mental, ya que un número igual de soldados pretorianos lo sacaron de la casa para que el pueblo pudiera contemplarlo.









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