Vida de los doce Cesares
Vida de los doce Cesares XXVII. Abominaba de todo tipo de adulaciones hasta el punto que a ningún senador, por cortesía o negocios, se le permitió caminar junto a su litera. Ante un ex cónsul que intentaba excusarse y le suplicaba de rodillas, se retiró con tal brusquedad que cayó de espaldas boca arriba. De igual manera, si en una conversación o en algún discurso se hablaba de él en términos de excesiva lisonja, no vacilaba en replicar al orador, reprenderlo y corregirle al momento. En cierta ocasión que alguien le llamó «señor», le advirtió que no volviera a insultarle. A un senador que designó como «sagradas» sus ocupaciones y a otro que afirmó que había asistido al Senado «por mandato suyo», les hizo corregir sus palabras y decir «aconsejar» en lugar de «ordenar» y «laboriosas» en lugar de «sagradas».