Vida de los doce Cesares
Vida de los doce Cesares XXX. Más aún, introdujo una cierta apariencia de libertad, restituyendo en favor del Senado y de los magistrados su antiguo prestigio y autoridad. No hubo, además, asunto alguno, ni tan deleznable ni tan importante, ni público ni privado, que no se expusiese a la consideración de los senadores. Les pedía su opinión sobre los impuestos y los monopolios; sobre las obras públicas que habían de realizarse y las que habían de ser reparadas; sobre el reclutamiento y licenciamiento de soldados y sobre la distribución de las legiones y de las tropas auxiliares; a qué magistrados debía prorrogarse el mando militar y a cuáles confiar la dirección de las guerras no previstas y, finalmente, qué era, y en qué términos, lo que se había de contestar a las cartas de los reyes. Al comandante de un ala de caballería, acusado de violencia y robo, le obligó a defender su causa ante el Senado. Siempre entró solo en la Curia y en una ocasión en que, por estar enfermo, fue llevado hasta el interior en litera, hizo salir fuera a sus acompañantes.