Vida de los doce Cesares

Vida de los doce Cesares

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XXXI. Tampoco se sintió molesto por el hecho de que se decretasen algunas disposiciones en contra de su propio parecer. Aunque él se oponía a la conveniencia de que los magistrados electos se ausentaran de Roma porque, si estaban presentes, podían atender a su cargo, un pretor electo consiguió autorización para marchar fuera de la Urbe por asuntos personales. En otra ocasión, aunque era del parecer que se le permitiera a la ciudad de Trebia transferir a la reparación de la carretera el dinero que se les había legado para construir un nuevo teatro, no pudo impedir que se ratificara la voluntad del testador. En efecto, puesto que la decisión del Senado se había puesto a votación mediante el sistema de desplazamiento de los senadores[48], él se pasó al lado de la minoría, pero nadie más le siguió. Todos los restantes asuntos se resolvían por los magistrados y el derecho ordinario, y era tanta la autoridad de los cónsules que los embajadores de África se presentaron ante ellos con la queja de que de César, a quien primero habían sido remitidos, no sacaban nada en claro. Y no es de extrañar, puesto que era de todos conocido que el propio Tiberio se levantaba ante los cónsules y les cedía el paso en la calle.





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