Vida de los doce Cesares
Vida de los doce Cesares XXXIII. Poco a poco salió a relucir en él el emperador, y, aunque con alternancias durante bastante tiempo, en general dio todavÃa pruebas más bien de generosidad y de decantarse por el bien común. Al principio, únicamente intervenÃa para evitar que las cosas se hicieran mal. Y asÃ, revocó algunas decisiones del Senado y, cuando los magistrados habÃan de dictar sentencia en su tribunal, con frecuencia se ofrecÃa como consejero, sentándose junto o frente a ellos, en primera fila; y si se rumoreaba que alguno de los acusados iba a eludir el castigo por influencias, se presentaba inesperadamente y, sin subir al estrado o desde la tribuna del pretor, recordaba a los jueces las leyes, su sagrada obligación y el delito que estaban juzgando. Además, si en las costumbres públicas se habÃa introducido cierta desidia o malos hábitos, intentaba corregirlo.