Vida de los doce Cesares

Vida de los doce Cesares

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XXXIV. Redujo los gastos de los juegos, rebajó los honorarios de los actores de teatro y limitó a un cierto número las parejas de gladiadores. Sumamente disgustado de que los precios de los vasos y vajillas de Corinto se hubiesen puesto por las nubes y de que tres salmonetes llegasen a costar treinta mil sestercios, decidió que se habían de limitar los precios del ajuar de la casa y que el precio de los alimentos en el mercado se tendría que regular cada año a criterio del Senado, dando a los ediles el encargo de controlar las tabernas y figones con tal severidad que no permitiesen que se expusieran para la venta productos de pastelería. Y para contribuir con su ejemplo a una honesta moderación, se hacía servir a menudo en los banquetes más solemnes los restos de viandas del día anterior, por ejemplo, medio jabalí, afirmando que guardaba las mismas cualidades que si estuviera entero. Prohibió mediante un edicto que los ciudadanos se diesen los diarios besos de salutación[49] e igualmente que se practicara el intercambio de aguinaldos después de las calendas de enero. Él tenía por costumbre devolver personalmente, multiplicados por cuatro, los aguinaldos que recibía, pero, harto de ser abordado durante todo el mes de enero por aquellos que no habían podido hacerlo el día de la fiesta, no los aceptó más allá del día primero de enero.



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