Vida de los doce Cesares
Vida de los doce Cesares LIV. Como por parte de Germánico tenía tres nietos, Nerón, Druso y Cayo, y uno por parte de Druso, Tiberio, al haber muerto sus propios hijos, confió al Senado los hijos mayores de Germánico, Nerón y Druso, y celebró con un reparto de dinero al pueblo el día de su inicio en la vida pública. Pero cuando se enteró de que, al comenzar el nuevo año, se habían hecho votos públicamente por la vida de ambos, manifestó en el Senado que tales privilegios debían concederse únicamente a las personas de reconocido mérito y a los ancianos. Puesta de manifiesto de este modo la mezquindad interior de su alma, los expuso a las acusaciones de todos e, induciéndoles con diversos ardides a que explotaran en injurias contra él a fin de que, una vez pronunciadas, pudieran ser delatados, los acusó por carta, acumulando en ella toda clase de infamias, y, después de juzgados, los condenó como enemigos públicos a morir de hambre: a Nerón, en la isla Poncia y, a Druso, en las mazmorras del Palatino. Se cree que a Nerón lo impulsó al suicidio, cuando el verdugo, fingiendo que había sido enviado allí por decisión del Senado, le mostró los lazos y los garfios de hierro, y que a Druso se le privó tan absolutamente de todo tipo de alimentos que intentó comerse las cuerdas de su catre. Los restos de ambos fueron dispersados de tal modo que a duras penas, en su día, pudieron recogerse.