Vida de los doce Cesares

Vida de los doce Cesares

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LV. Aparte de sus antiguos amigos y familiares, reclamó a veinte de los prohombres de Roma como asesores suyos en la administración del Estado. De todos ellos, apenas dos o tres consiguieron acabar indemnes, a todos los demás, a unos por un motivo y a otros por otro, los destruyó, entre ellos a Elio Sejano, cuya ruina arrastró también a otros muchos. A éste lo había encaramado a lo más alto del poder, no tanto por aprecio, sino porque gracias a sus servicios y argucias había acorralado a los hijos de Germánico, a fin de confirmar en la sucesión del Imperio a su nieto directo, el hijo de Druso[72].

LVI. No se mostró más indulgente con sus habituales comensales griegos, con los que se sentía especialmente a gusto. A un tal Xenón que conversaba con extraordinario refinamiento, al preguntarle qué dialecto era ése tan afectado y responderle él que era el dorio, lo confinó a Cinaria, pues creyó que le echaba en cara su antiguo destierro, ya que en Rodas se hablaba dórico. Tenía también la costumbre de exponer durante la cena algunas cuestiones extraídas de sus lecturas diarias; cuando supo que Seleuco, un gramático, preguntaba en cada ocasión a sus sirvientes qué autores había estudiado y que así llegaba preparado, en primer lugar le privó de su compañía habitual y luego le obligó a suicidarse.


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