Vida de los doce Cesares
Vida de los doce Cesares LXVI. Innumerables improperios procedentes de todas partes inquietaban también su torturada alma, pues todos los condenados lo zaherían con toda clase de denuestos, tanto en su propia cara, como a través de panfletos injuriosos colocados en la orquesta[82]. Estos insultos, en verdad, le afectaban de forma muy distinta según el momento; unas veces deseaba, avergonzado, ocultarlos y evitar que se conocieran; en otras ocasiones los menospreciaba y los daba a conocer, haciéndolos públicos voluntariamente. Más aún, fue también violentamente escarnecido por una carta de Artabán, rey de los partos, que le acusaba abiertamente de parricidio, cobardía y lujuria y le conminaba a que, quitándose la vida voluntariamente, diese cuanto antes satisfacción al indecible y merecidísimo odio que todos los ciudadanos sentían hacia él.