Vida de los doce Cesares
Vida de los doce Cesares LXIX. Se mostró un tanto indiferente con respecto a los dioses y la religión, aunque era un adicto a la astrología y estaba plenamente convencido de que todos los acontecimientos estaban regidos por los hados. Le aterrorizaban, no obstante, los truenos y, cuando el cielo amenazaba tormenta, llevaba siempre en la cabeza una corona de laurel porque se dice que esa clase de ramas no atrae los rayos.