Vida de los doce Cesares
Vida de los doce Cesares XIII. Alcanzado de este modo el poder imperial, Calígula colmó las aspiraciones del pueblo romano (mejor diría del género humano), al ser el emperador soñado, no sólo por la inmensa mayoría de las provincias y del ejército, ya que muchos de ellos lo habían conocido cuando era todavía un niño, sino también por toda la plebe de Roma, en virtud del recuerdo de su padre Germánico y del sentimiento de compasión hacia su familia, casi por completo aniquilada. Así pues, cuando partió de Miseno, aunque iba siguiendo, vestido de luto, el cortejo fúnebre de Tiberio, caminaba, sin embargo, entre altares, víctimas y antorchas encendidas, acompañado por la multitud compacta y jubilosa de los que salían a su encuentro y que, junto a los restantes títulos de buen augurio, le aclamaban además como «su astro», «su polluelo», «su chiquitín» y «su retoño».